sábado, mayo 16, 2020

¿Ajustar la pandemia a la economía o la economía a la pandemia?


Es muy difícil, para cualquiera, gobernar ante una disyuntiva de riesgo sanitario o ruina económica, con una mínima eficacia. Pero el Gobierno no tiene más remedio que gobernar y, si no saben y/o no quieren hacerlo, deberían tener la decencia de dejarlo.
Pedro Sánchez, que ve la orejas al lobo, se esconde detrás de los técnicos, y pretende camuflar las decisiones políticas en meras opciones y alternativas técnicas mediante la imprescindible argumentación científica. Pero no vale que se resguarde en la opinión de una imprecisa comunidad científica, como tampoco las excusas de la “malvada” oposición, ni mucho menos esperar cachazudamente el  Plan Marshall” que llegara de Europa.
Con la pandemia, el Gobierno lleva desde el principio escondiéndose detrás de las decisiones técnicas, “la comunidad científica”, pero en casi todos los aspectos de la vida y en la situación social en la que estamos también, las opciones son diversas y las alternativas múltiples. Consecuentemente las decisiones del Gobierno son y han de ser políticas. 
Tampoco es cierto que el único objetivo sea ni haya de ser el sanitario, en este tema hay otras muchas variables y finalidades a tener en cuenta, aparte de la sanitaria. Cuando el tiempo diluya la emergencia sanitaria, comprobaremos que las consecuencias económicas van a ser tanto o más letales que la propia pandemia y se desencadenará una crisis de enormes dimensiones.
Esta crisis tiene dos variables, la sanitaria y la económica (incluso tendríamos que considerar otras más), por lo que las decisiones que se adopten no pueden ser exclusivamente técnicas o científicas y los criterios seguidos ser tan volubles, discutibles, arbitrarios y hasta a veces contradictorios. Las decisiones deben ser políticas y equilibradas entre esas dos opciones: 
·         ¿Cuánto riesgo asumimos para salvar la economía? 
·         ¿Cuánta economía estamos dispuestos a sacrificar para minimizar el riesgo? 
Es más, a la hora de adoptar medidas para reducir el riesgo de contagio parece evidente que debería optarse por aquellas que fuesen menos letales para la salud pública, y por contra, a igualdad de riesgo, habrán de preferirse las actividades que más favorezcan la reactivación económica. Está claro, y hay que asumir que cualquiera que sea la opción se favorecerá a unos grupos y perjudicará a otros y por tanto,  las decisiones no pueden ser meramente técnicas y mucho menos basarse exclusivamente en criterios sanitarios. 
Hoy desde el neoliberalismo económico, que siempre aboga por desvincular las decisiones económicas de la política, están exhortando al Gobierno a gastar, como en 2008, hasta que los mercados nos cantaron que nos encontrábamos en un sistema que denominábamos, ignorando el porqué, “globalización” y aparecieron la prima de riesgo, la troika, los hombres de negro y las políticas de austeridad de cuyos efectos calamitosos aun nos resentimos, unos más que otros.
El Gobierno no puede ni tiene derecho a permitir que se destruya toda la estructura económica con la excusa de que sigue los consejos de la comunidad científica, sería ingenuo por no decir criminal la idea de -ya la reconstruiremos más tarde  mediante unos nuevos “Pactos de la Moncloa”-, ni es aceptable que como única receta caiga en la suposición, más ingenua aún, de que Europa va a venir a salvarnos “Plan Marshall”.
No se trata de equiparar la salud con la economía, pero nos guste o no, la economía es el soporte de la salud. Las políticas sanitarias y sociales no se mantienen por el mero  voluntarismo o las proclamas. La economía impone sus exigencias, que pueden ser muy duras para todos, pero muy posiblemente de no tomarlas serán mucho más dramáticas para los que tienen menos medios de aguante y defensa y sin duda los que conocen  más de cerca la escasa distancia que hay entre la economía, la salud y la vida. 
Nada  invita al entusiasmo mientras no se despeje el confuso panorama, tanto sanitario como económico, al que tendremos que enfrentarnos durante los próximos tiempos.

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