viernes, mayo 08, 2020

¿El partido que se propugna?.





Parece de Perogrullo decirlo, pero es absolutamente necesario:

Este partido ha de defender, como forma de Estado una República.

Preferiblemente, por la necesidad de fortalecer la figura del Jefe del Estado, mejor presidencialista o semi-presidencialista. Unitaria, apropiadamente descentralizada, o federal con competencias fundamentales asignadas al “Estado Central”, mejor que una confederal.

Una República con un fuerte componente social, en la que se amplíe el Estado de Bienestar y se mejoren los servicios públicos esenciales ( justicia, educación, sanidad, pensiones, atención a desfavorecidos, etc.), a través del esfuerzo fiscal apropiado y la máxima eficacia y eficiencia de la Administración del Estado. Que garantice el derecho a la propiedad de los recursos económicos, la iniciativa empresarial privada y a la libertad de mercado.

Una República en la que se haya separado la actividad política de todo privilegio, por razón de cualquier  índole. En la que se favorezca el florecimiento de la sociedad civil, se prime el debate, la discusión y la participación, en la que los ciudadanos no se vean constreñidos a la hora de expresar sus opiniones ni sus opciones.

Una República que ejerza su función educadora, fomentando las virtudes públicas, el civismo, la cohesión social y territorial. Que desde el respeto a la diversidad y particularidades dentro del Estado, contrarreste nacionalismos excluyentes, fomentando un verdadero “patriotismo”.

Patriotismo en su auténtico sentido de afección a la comunidad política. La patria, personificada jurídicamente por un Estado que desarrolle un buen gobierno; que garantice amplias libertades; que provea las más altas cotas de justicia social, de solidaridad, de bienestar; que facilite a los ciudadanos desarrollar sus proyectos personales sin sumisión a poderes injustificados, etc. Es decir, basada en una integración política y no en nacionalismos  irracionales, monolíticos  y sectarios.

Una República, fundamentada en el lema tan conocido como poderoso, para determinar políticas públicas concretas:

¡Libertad, Igualdad y Fraternidad!

Un movimiento republicano que abrace los principios señalados anteriormente, en el que siguiendo a Azaña: “todos quepamos y a nadie se le proscriba por sus ideas” y ponga en su bandera el citado lema, tendrá futuro.

Tendra futuro, si es capaz de sintonizar con los sentimientos y los anhelos de muchos ciudadanos que, conscientes de la gravedad de la situación actual y deseosos de dejarla atrás, se vean animados a la acción política constructiva para avanzar en la búsqueda de un futuro mejor para todos.

Consecuentemente, me permito, desde aquí, en atención a la escasa dimensión del republicanismo español actual, pero también el enorme espacio que las fallidas instituciones actuales están dejando a un movimiento regenerador, que sólo puede tener las características del republicano, animar a fundar un nuevo partido por fusión, integración o formula que se precise, que ocupe el lugar en el espectro político español que, histórica y legítimamente, le corresponde.

Amigos republicanos:

“La República será democrática o no será. De esta manera los republicanos venimos al encuentro del país, no como estériles agitadores, sino como gobernantes; no para subvertir el orden, sino para restaurarlo; no para comprometer el porvenir de la nación, sino como la última reserva de esperanza que le queda a España de verse bien gobernada y administrada, de hacer una política nacional” M. Azaña ( Sep. De 1930)

S&R



jueves, mayo 07, 2020

España y el futuro: Un espacio netamente republicano.



De todo lo expresado en días pasados, se deriva que una salida a la grave crisis en que está sumida España sólo puede encontrarse en la República, como nueva forma de hacer política. Pero la pregunta es:

-¿Se puede ir hacia una alternativa republicana sin una fuerte acción pro República?

 Esta acción no se puede dejar a la eventualidad de los acontecimientos ni a la improvisación, sino que ha de promoverse desde una organización que consciente de la gravedad de la situación y de las opciones para afrontarla, apele a la acción política y a la participación. En suma, a un partido puramente republicano que sea capaz de diagnosticar, sin prejuicios, los actuales males y de encararlos adecuadamente ofreciendo soluciones válidas. Un partido  “intransigente” con la corrupción, con el alejamiento de las instituciones, con la dejación de las responsabilidades,  con la adulteración de la democracia, en definitiva con todos los vicios denunciados.

De acuerdo con lo razonado, ¿hay un espacio político, un hueco evidente, para un partido como el que se propone?. Si así fuere, se nos dirá, ¿por qué no se ha formado ya?. Si esto está tan claro, ¿por qué no está operando tal alternativa?.

Pues, fundamentalmente, porque las instituciones y las personas que tienen el poder real o “fáctico” en el “status quo” actual, si bien son incapaces de ofrecer salidas y de hallar soluciones, sí que son fuertes a la hora de defender posiciones y privilegios y ponen barreras a todo cambio a través de:

1.    Los medios de comunicación: son prácticamente unánimes en defender la situación actual. A lo que no son ajenas las generosas recompensas y la buena financiación. Apenas llegan a oírse o a verse impresas voces críticas o planteamientos lúcidos que son silenciadas y eliminados. Imposible de superar el “muro mediático”.

2.    La financiación: la formación de un partido requiere ingentes fondos de los que sólo disponen los partidos integrados en el sistema a través de la financiación pública y abundantes “donaciones privadas”, que responden a intereses muy concretos, en gran parte de los casos, “inversiones” empresariales que esperan buenas contraprestaciones.

3.    La pereza: a la hora de actuar en política, de movilizarse, si ello requiere un esfuerzo, resultado de la actuación eficaz “establishment” que se beneficia de la pasividad y abulia de los ciudadanos. 

4.    La acción directa de las clases dominantes: la propensión de los poderes establecidos a eliminar posibles nuevos actores y menos con ideas radicales, sus maniobras de asfixia son brutales, en este sentido sirva de ejemplo lo que ha pasado ante la aparición de  nuevos partidos, inicialmente  acogidos con cierta simpatía, al cobrar cierta fuerza, todos se han confabulado para “ningunearlos”, pues dejaban de servir para debilitar al partido político que estaba en el poder para convertirse en rivales que podían introducir elementos no controlables por el sistema.
  
5.    Los republicanos: partidarios de la republica que sirva a su partido o su ideología, olvidando que La República o será de todos o no será”, en cuyo caso prefieren dejarlo al albur de las circunstancias, y mientras sacar el santo en las procesiones o sermones.

Pese a los inconvenientes, hay un gran espacio potencial para el desenvolvimiento de un movimiento puro republicano, y este movimiento es preciso que sea impulsado, no sólo por amplias capas de la población, sino, de forma más activa, por un instrumento políticamente más eficaz, es decir, un partido netamente republicano capaz de sacar a nuestro país del atolladero.

S&R




martes, mayo 05, 2020

DEFAULT



Desde el punto de vista de la economía internacional, el término "default" es utilizado para hacer referencia al impago de la deuda soberana (sovereign default), es decir, cuando un gobierno adopta la decisión de no pagar su deuda externa. Entre 1500 y 1900 España no cumplió con sus obligaciones de deuda en un total de 13 veces.
La suspensión del pago de la deuda exterior soberana trae pareja una serie de efectos que un gobierno debe sopesar ante la transcendental decisión de continuar con el pago de la deuda o  suspenderlo, ya que implica:
  • Embargo de activos
  • Exclusión de préstamos futuros
  • El país puede ver reducidas las ganancias del comercio internacional si pierde acceso a la financiación exterior o si se imponen barreras al comercio por parte de los países acreedores.
Todo esto viene a cuento a raíz de un comentario que hacíamos en facebook, hace aproximadamente un mes, al hilo de algunas medidas anunciadas por el Gobierno, que decía: “Y QUIEN PAGA LA FIESTA”, que fue contestado de mala manera por algunos “economistas”, fieles seguidores de las tesis del Gobierno.
-¡ Austericidas! 
-¿Déficit? el que haga falta
-¿Deuda?, no importa, se emite perpetua y deja de contar.
-¡Ah que hablar ahora de déficit y de deuda!
Como dice, con gran acierto, Fernando González Urbaneja en su blog “La Bolsa o la Vida”: “Me recuerda a mis nietos que fascinados por los cajeros que dan dinero desde la pared no se explican que no les compren todos los juguetes que les fascinan, ¿será por dinero?”
Con toda seguridad entre los economistas de cabecera del Gobierno continuaran algunos del equipo de Zapatero (los que negaban la crisis), que temblando y bajo una mesa en los sótanos de La Moncloa, reformaron el artículo 135 de la Constitución Española, el 27 de septiembre de 2011, anteponiendo los derechos del capital internacional a los derechos básicos de los españoles (salud, educación, vivienda, supervivencia, etc.). Conozco a pocos socialistas que quieran acordarse de esto, madre de todos los recortes.
Párrafo 3 del Artículo 135 de la Constitución Española
3. El Estado y las Comunidades Autónomas habrán de estar autorizados por ley para emitir deuda pública o contraer crédito.
Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. Estos créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la ley de emisión.
El volumen de deuda pública del conjunto de las Administraciones Públicas en relación con el producto interior bruto del Estado no podrá superar el valor de referencia establecido en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea .
Nadie parece en el Gobierno que quiera acordarse de este artículo a la hora de las soflamas sobre sus planes de negociación en la UE.  Bien es verdad, que ante la que tenemos encima, buena parte de los economistas sostienen que hay que actuar con rapidez y contundencia y no aplicar la táctica de “alargar y aparentar” como en el periodo 2008-2011, y que los intereses de la deuda van a seguir siendo muy bajos en los próximos años, lo que puede hacer que durante algún tiempo el mayor endeudamiento nos salga prácticamente de balde.
Es evidente que de lo que hay que ocuparse prioritariamente es de evitar el desplome del sistema productivo y también es cierto que la economía española encara esta recesión-depresión con algunas ventajas pero con unos cuantos riesgos, entre los que está el no tener en cuenta la deriva déficit-deuda-default. Pero sostener:
 -Ahora no es el momento para preocuparse de la deuda.
Es una insensatez,  España necesita en estos momentos del amparo y la confianza del capital extranjero para cubrir  nuestras necesidades  de recursos financieros y esto pasa por  la confianza de los agentes económicos internacionales, de modo especial los comunitarios.
Si el nivel de endeudamiento  público sobrepasara el 120% del PIB nuestra posición sería de exagerada endeblez. En este sentido, escuchar  llamamientos al aumento de la deuda, no estimula la confianza de los inversores internacionales, salvo que se pretenda arbitrar nuevos recortes sociales como los de hace unos  pocos años,  para salir del bache en el que estábamos metidos y que se están empezando a insinuar.
Asumir la urgencia y la contundencia en la respuesta, no es cuestionable, como tampoco lo es que la economía española necesita credibilidad y de la confianza del sector público y el privado. Y sí, la capacidad de déficit tiene límite, la de gasto también por tanto ocurrencias, pocas y cuantificadas.


lunes, mayo 04, 2020

España y el futuro: La crisis .¿Qué se está haciendo?.



¿Qué capacidad de respuesta tiene el sistema político actual para resolver lo que comienza a  llamarse la “Mayor Depresión”, al menos, para paliarla y reconducir al país por un camino de progreso?

El escenario es el de una auténtica catástrofe sanitaria y una economía que se asoma al abismo. Y no se aprecia ninguna  capacidad de respuesta eficaz en manos de los poderes públicos, el Gobierno, desbordado por las circunstancias, carece de cualquier proyecto creíble que contenga políticas públicas sectoriales con objetivos claros y recursos ajustados a los mismos.

Cualquier comparación con etapas y acontecimientos anteriores, nos llevan a la guerra civil y sus secuelas económicas y sociales, resaltan la tremenda tragedia que estamos padeciendo.
De la hecatombe económica que se deduce de las previsiones  del Gobierno, la caída del PIB, aumento de la deuda pública y crecimiento del déficit, presentadas como “V asimétrica”  es decir se predice la bajada, pero se desconoce el plazo de la recuperación. No existe un plan de recuperación nacional estructurado, evaluado y que responda a un horizonte temporal gestionable.
Cuando seria urgente una reforma fiscal en profundidad, capaz de  recaudar un 5% más, situándonos en  la media de los países de nuestro entorno y de reducir el fraude fiscal. De esta manera se recaudarían unos 40.000 millones más aliviando en gran medida los problemas de déficit.
                  
Sólo se percibe improvisación y poca reflexión. Los intereses de la deuda van a seguir siendo muy bajos en los próximos años, lo que debería animar a apostar y potenciar el sector industrial, y si tenemos capacidad, que la tenemos -llevamos exportando talento 12 años -ingenieros, médicos, sanitarios...-  ¿Qué lo impide?

La coalición sobre la que se sustenta el Gobierno, parece estar agotada, exhausta, sin capacidad de regeneración, dividida y se conforma con ir sobreviviendo hasta que la U.E.  facilite el “oxígeno” y permita un cierto alivio, todo lo fía en la recuperación económica exterior.

Mientras, el principal partido de la oposición PP, no ha entendido la verdadera dimensión de la situación por la que atraviesa la sociedad y sus instituciones, y sólo sueña en un revés electoral del PSOE y maniobra en contra de cualquier medida gubernamental haciendo a la coalición de gobierno (PSOE-UP) único responsable de todos los males del país.

Al tiempo, los nacionalistas siguen preparando su asalto al Estado y soñando con sus proyectos de construcción de Estados articulados alrededor de una identidad nacional monolítica y sin disidencias.

Sin el ímpetu del Gobierno y con el ataque delirante de la oposición, no se ve, por ningún lado, atisbos de regeneración. El sistema ha agotado sus posibilidades, está en el fin de su ciclo, ha pasado a ser parte del problema, y no de la solución.

Como republicano, ante la perspectiva de una crisis global como la que hemos expuesto y la incapacidad de las fuerzas políticas para resolverla, hay las condiciones y el clima propicios para que un movimiento netamente republicano, pueda desplegar  unas políticas de regeneración y de progreso.

S&R



domingo, mayo 03, 2020

España y el futuro: La crisis del modelo económico.





La crisis económica es, con mucho, la más citada en nuestro país, sobre ella se escriben diariamente ríos de tinta, nos aturden con cháchara seudoeconómica e ingrávidos argumentos, esgrimidos sólo para desacreditar al oponente político, según la bandería del tertuliano, periodista o técnico de turno. Bandos que podemos acotar: los que apoya con entusiasmo la causa la del Gobierno (si puede llamarse así a la improvisación, contradicciones y desorientación de que hace ostentación el equipo PSOE-UP), y los que sostienen al PP, cuya política económica es más conservadora que las propias recetas neoliberales.



 Es desolador que no haya habido, ni hay, en el plano político, análisis serios y rigurosos, ajustados a las peculiaridades del modelo español de crecimiento y a los posibles cambios que habría que realizar en el mismo, que requieren, en todo caso, tiempo, esfuerzo, consenso básico y financiación.



Creer, como hace el Gobierno, que sólo hay que esperar la inminente recuperación económica de las grandes potencias y reorientar la economía para que sea sostenible o como manifiesta el PP, que todo se arregla con reformas, que no dejan de ser: recortes a los salarios reales, reducción del coste del despido y disminución del peso del Estado y del gasto público.Cuando es sabido que, independientemente de que haya empresas españolas con éxito por todo el mundo, la estructura económica de España es más débil y vulnerable que la de los países de nuestro entorno.
  • La agricultura está en declive y sometida a una política reguladora europea que impone limitaciones insuperables. El mundo agrario exploto hace sólo unos mese
  • Carecemos de recursos naturales básicos. No poseemos recursos energéticos, tenemos escasez de petróleo, hierro, etc.
  • El sector industrial está muy disminuido y es poco competitivo. 
  • Los servicios en que nos hemos especializado son de escaso valor añadido, con lo que la productividad española es, por fuerza, muy inferior a la de las potencias económicas de primer orden. 
  • La construcción ya ha alcanzado su techo y su hipertrofia ha causado sus peores efectos.
  • El sector financiero está seriamente “tocado”.
  • La pertenencia a la zona euro limita cualquier iniciativa de política monetaria y sobre las exportaciones.
  • El turismo, nuestra principal industria, puede colapsar por su propio éxito.
  • El sector público, sobre el que podrían instrumentarse políticas de estímulo de demanda, está lastrado por el déficit y su necesidad de financiación.  

 La vulnerabilidad estructural de nuestra economía y la penosísima situación actual, parecen aconsejar un acuerdo básico de todos los agentes políticos, económicos y sociales con el objeto de acometer las grandes transformaciones precisas. Este acuerdo tendría que ir mucho más allá de los periódicos y rituales acuerdos entre empresarios y sindicatos

El Gobierno de España ha remitido a la U.E. un análisis de la situación económica: caída previsible del 9,2% del PIB en el conjunto del 2020; rebote del 6,8% para el año siguiente; déficit previsto del 10,3% del PIB ; aumento del endeudamiento hasta el 120% del PIB;  necesidad de contar con el apoyo de la U.E. en estos meses venideros. Están hablando de que de la depresión económica en la que acabamos de entrar tardaremos al menos dos años en recuperarnos y en volver a discurrir por la senda del crecimiento. Dos años perdidos para el nivel de bienestar del país, que debería obligar a  pensar en el impacto sobre algunas de nuestras principales actividades económicas y sobre sus principales variables estratégicas que en el pasado han logrado situar a la economía española en la cabeza del crecimiento económico europeo.

Es urgente el consenso básico sobre: la configuración de las instituciones rectoras y reguladoras de la economía; sobre la estructuración de los sectores estratégicos, dentro del marco de lo permitido por las autoridades europeas; sobre la dimensión y actuación del sector público; sobre los servicios sociales que han de cubrirse; sobre el control de las políticas públicas; sobre el diseño del sistema fiscal; sobre las políticas de ajuste necesarias; sobre el coste que han de pagar por ello los distintos sectores sociales; etc., etc.



La dificultad propia de perfilar un modelo económico robusto que permitiera un “posicionamiento” estable en el concierto económico de las potencias actuales, se agrava por la distancia entre las estrategias miopes y sectarias de los principales partidos, encastillados en posturas excluyentes e irreconciliables.



Es en este punto donde se echa más en falta la aportación de una fuerza política republicana, un movimiento que introdujese la noción de interés común, de comunidad, de progreso social, que fijase sus miras más a largo plazo que en la inmediatez de unas elecciones.



S&R



jueves, abril 30, 2020

España y el futuro: La crisis de la Jefatura del Estado.


Dejo de lado la anomalía democrática que por su origen supone la Monarquía en nuestro país.

La figura del Rey, al margen de cualquier responsabilidad y cuyos actos han de ser refrendados, necesariamente por el Gobierno, convierte a la Jefatura del Estado en estéril.  Es un hecho que el Rey no puede actuar políticamente al margen del Gobierno, si así lo hiciera, estaríamos ante un supuesto claramente impugnable por anticonstitucional. Y si sus actuaciones han de desarrollarse según el dictado del Gobierno, el Rey sobra.

En rigor, puede decirse que el Rey ocupa, anulándolo, un espacio esencial del Estado y no nos podemos permitir, nunca y mucho menos en situaciones como la actual, el lujo de carecer de Jefe de Estado. Ese espacio debería ser ocupado por un Jefe del Estado -ante todo, elegido democráticamente-, con poderes efectivos tasados y determinados en la Constitución, que pudiera, en su caso, tomar medidas adecuadas para resolver situaciones críticas cuando la propia supervivencia del Estado y/o sus instituciones estuvieran en cuestión.

La posición que tiene el Rey, constitucionalmente en nuestro país, no es la más adecuada para garantizar ni la cohesión, ni para servir de arbitro entre las instituciones del Estado, ni para resolver ningún supuesto de inquietud constitucional.

Mi juicio, como republicano, es que todas las instituciones, todas, son instrumentales y han de estar al servicio de los ciudadanos, no al contrario. Y  si cualquier institución del estado se demuestra disfuncional, inoperante o nula, debe cambiarse o suprimirse.

Las instituciones no han de ser permanentes, ni han de imponerse a sucesivas generaciones, han de estar siempre y en todo momento, sometidas a los imperativos del bien común, y si éste requiere nuevas instituciones, se han de establecer sin demoras, arrumbando sin demasiadas contemplaciones las antiguas, bien entendido que dicho bien común ha de manifestarse o expresarse inequívocamente de modo democrático.

La República, en la más pura lógica democrática, se muestra como la única alternativa viable ante esta anomalía.

S&R


miércoles, abril 29, 2020

España y el futuro: La Crisis del modelo territorial.



La Transición, ahora santificada como mito fundacional del régimen vigente, se basaba, en frágiles equilibrios, uno de ellos el territorial.

No hubo, prácticamente, debate sobre la configuración territorial del Estado, se hizo caso omiso del modelo implantado en la Constitución de 1931 y se construyó  sin evaluar consecuencias futuras un Estado de las Autonomías, que si bien funciono, mal que bien, durante los años en los que hubo buena situación económica y abundante financiación europea. Ahora resulta, insostenible, no sólo económicamente, sino porque amenaza con la desintegración del Estado.

La secesión se contempla en  comunidades como la catalana o la vasca como posible y probable y ante la ausencia de un proyecto integrador atractivo por parte del Estado consideran que sólo es cuestión de tiempo. Han estado amagando con ello durante muchos años,  de manera que ahora, aunque quisieran y pudieran, no saben dar marcha atrás sin perder apoyos fundamentales.

 En este horizonte, no es exagerado manifestar que en España la secesión de comunidades desarrolladas como la catalana o la vasca o ambas, ocasionaría un desastre económico, político y social. El Estado ha ido paulatinamente debilitándose, cediendo competencias básicas: sanidad, educación, justicia, …,… . Ha perdido competencias sobre instrumentos vitales de cohesión entre los distintos territorios y de desarrollo de la solidaridad social; es decir prestaciones iguales a ciudadanos iguales en derechos y deberes.

El conflicto sobre la deriva secesionista se suele establecer, equivocadamente, en términos de oposición o choque de nacionalismos, se rechaza el nacionalismo catalán o vasco, con el argumento de que sólo hay una Nación española; recientemente hemos visto como a la Cataluña independentista qe no quería formar parte de la charanga y pandereta, se le ha opuesto el la legión, el tricornio y el pasodoble. Cuando los ciudadanos, en sociedades desarrolladas, basan su fidelidad o afección a un Estado en la cobertura que ese Estado pueda dar a la sociedad, en términos de: libertad, seguridad, bienestar, desarrollo democrático, buen gobierno, expectativas de progreso, etc., no en mitos, banderas, himnos o glorias pasadas.

La realidad institucional española no ofrece demasiados atractivos a muchos ciudadanos catalanes o vascos, de manera que la desafección crece, mientras que el proyecto secesionista, que no ha sido combatido eficazmente, se presenta cada vez más pujante y atractivo para los que, no siendo fervorosos nacionalistas, tampoco sienten la llamada de España .

¿Qué atractivo ofrece el Estado español al ciudadano que no “sienten”, emocionalmente, la pertenencia a España?

Resulta claro que el modelo territorial existente, basado en “nacionalidades” ha llegado a su límite: ni es funcional, ni satisface a los nacionalistas; no provee de mecanismos compensatorios que promuevan suficientemente la solidaridad regional; es insostenible económicamente¸ fomenta la corrupción, el caciquismo, el clientelismo, etc.

Hay por consiguiente que cambiarlo mientras se esté a tiempo y ha de  hacerse desde un planteamiento en el que la identificación de comunidad política con Estado se fundamente en un contrato de adhesión y no en sentimientos nacionales.

Este nuevo concepto, sólo puede dar lugar a una República integradora, más allá de los nacionalismos excluyentes e insolidarios.

S&R


martes, abril 28, 2020

España y el futuro: Crisis social.



El alcance de la crisis económica, de complicado y difícil pronóstico, dependerá en buena medida de las medidas que adopte el Gobierno y de la evolución de las circunstancias sanitarias. Estima el banco de inversión Morgan Stanley, que el PIB español registrará una caída este año, debido al parón de la economía, entre el 5,8%, el más favorable, y el 22,6%,el peor, y el 13,5% como el más probable; recesión que otros analistas sitúan en el entorno del 9%, lo que  es indudablemente muy mala noticia para la economía y para la sociedad en su conjunto, haciendo más profunda la crisis social en la que ya estábamos inmersos, cuyas manifestaciones más evidentes son la desafección de la sociedad con respecto a las instituciones, la falta de confianza en su eficacia, la creciente antipatía a la “clase política”, el avance de la corrupción más o menos consentida, la ausencia de valores cívicos, etc.

La creciente desigualdad social, producto de la acumulación en pocas manos de las ganancias obtenidas en los últimos años  de la anterior crisis, fruto de un crecimiento económico desordenado y especulativo, unido a unos enormes recortes del Estado de Bienestar y a una clamorosa ineficacia de los mecanismos de redistribución de la renta, constituye un  elemento potencial de inestabilidad social.

El incremento del paro, la creciente pobreza de muchos conciudadanos, el aumento de la exclusión social y la falta de sensibilidad de las clases privilegiadas, no fomentan la cohesión social. La desatención de la desigualdad social por parte principal partido de la oposición PP, por un lado,  y por otro que la coalición de gobierno PSOE-UP, presuntamente socialista, se embarca, a veces torpemente, en causas polémicas cuyo objetivo parece ser servir de “cortinas de humo” y provocar a la oposición para que muestre su lado más ultramontano, hace que los ciudadanos se desentiendan cada vez más de la vida política, a la par que crece su indignación.

Este malestar se va acumulando, sin que hagan acto de presencia instituciones o movimientos enarbolando la bandera de la regeneración democrática.

Por otra parte, los medios de comunicación, cada vez más sensacionalistas y  mercenarios, convierten lo que debería ser el debate riguroso, la argumentación juiciosa, la opinión fundamentada, en insulto personal, ocurrencia dañina y espectáculo chocarrero, sin otra pretensión que el escándalo inútil.

Cuando se precisa: rigor, seriedad, reflexión, se nos ofrece mediocridad y frivolidad. Se fomenta el espectáculo, eficaz, de simular un verdadero debate político con sarcasmos e insultos cruzados entre los grandes partidos, lo que, diversión aparte, supone hurtar el auténtico debate sobre los verdaderos problemas, imposibilitando o desactivando cualquier otra iniciativa.

La desfiguracion del proyecto socialista por su empobrecimiento ideológico, su deriva caudillista y su ineficaz política populista, deja sitio a un movimiento republicano que le supla con ventaja, para conseguir mayores cotas de democracia y progreso.

S&R



lunes, abril 27, 2020

España y el futuro: La crisis


España penetra en una crisis profunda, de indeterminable  duración, que une a los graves problemas económicos, sociales, políticos, institucionales, etc., ya existentes,  la pandemia del "Coronavirus" y sus efectos sanitarios, dolorosos y trágicos, y sus secuelas: económicas y sociales de dificil prescripción, pero gravísimas.

Los ciudadanos somos conscientes del pantano en que nos encontramos, sabedores que no solo nos adentramos en la fase baja del ciclo económico, con sus consecuencias desagradables y negativas; existe el conocimiento de que el deterioro de la situación social, la degeneración de las instituciones políticas, etc., son fenómenos que van a ir a peor, y cuyos efectos negativos se van a prolongar en el tiempo.

El desconcierto e inoperancia del gobierno a la hora de proponer salidas al actual estado de cosas auguran tiempos muy sombríos de consecuencias imprevisibles, que hacen que nos preguntemos -¿Es posible torcer el rumbo de los acontecimientos?

Intentar  desgranar algunas ideas y razones, ajenas en su mayoría y de mejores cabezas, sobre las principales causas que han conducido a esta situación, puede parecer pretencioso, y sin duda lo es, no obstante me atrevo a escribir estas notas  ya que en mi opinión son escasos los aciertos en las posibles soluciones.

Me centraré, principalmente, en el deterioro del sistema político actual, que no sólo es incapaz de afrontar la gravísima crisis que atravesamos, y en los posibles escenarios que se abren. Punto, este último,  donde más se echa en falta la aportación de un partido o una fuerza política republicana que introduzca la noción de interés común, de comunidad política comprometida en el progreso social, que fije sus miras a largo plazo y no en la inmediatez de unas elecciones.

Confió que las notas que se irán exponiendo durante los próximos días, si no acertadas, sirvan al menos de reflexión y/o controversia en beneficio de la causa de la República.

S&R


viernes, abril 24, 2020

Hacia la República: ¿…?



En la veintena del siglo XXI, encontrándose al país  dentro de una recesión que otra vez el gobierno se negó a reconocer, envuelta en una  crisis del Estado por las pretensiones independentistas y arrinconado a su vez por  una pandemia de la que no sabemos ni el principio, ni el fin, ni cómo gestionarla;  con un gobierno tan incapaz como asustado y a un paso de una depresión mundial que se augura muy superior a la de 1929, ya que frente a  la crisis de hace un  decenio con origen en desajustes de tipo financiero,  la actual se declara por la paralización, obligatoria, de múltiples actividades económicas para batir la pandemia.

Teniendo en cuenta que no hay nadie que sea capaz de determinar la dimensión y el alcance de la crisis económica por la sencilla razón de que se desconoce por completo la duración de la epidemia,  y  si va a tener punto y final o se  trata de una infección sistemática a la que nos tendremos que  acostumbrar,  el impacto en la economía europea y mundial es una auténtica incertidumbre y solo videntes y profesionales del cuento  se atreven a poner un horizonte  al caos que nos angustia.

Ante la ausencia de certezas sobre el estado en que quedará la economía mundial, europea y la española, agrietada por tantas anomalías, aventurar cuándo se restaurara en España la República, es imposible.

La República será una opción esperanzadora de futuro democrático, sobre todo, si es asumida por todos, derechas e izquierdas, como la conclusión unitaria, natural e integradora de la evolución política de España.

El republicanismo en España no puede ser un asunto  de historiadores o estudiosos exclusivamente; ni algo marginal que sirva de refugio a un extremo del arco político; ni mucho menos banderín de enganche de los que se han quedado sin banderas que agitar, manteniendo el secuestro de la República y estimulando el descrédito del  republicanismo.

¿Existirá España?

S&R

jueves, abril 23, 2020

Hacia la República: La Transición


Con la perspectiva que dan los años transcurridos desde la muerte del dictador -1975- y la proclamación “oficial” por parte del gobierno de la crisis constitucional, asistimos incrédulos a la disolución de uno de los Estados más antiguo de Europa. Hay pues que preguntarse:

¿Cómo se ha llegado a esta situación?

¿Cuál será el porvenir de España?


La Monarquía instaurada por Franco, reforzada por la lealtad del Ejercito fiel a las decisiones del dictador,  tuvo por objetivo el establecimiento de una democracia limitada, gobernada y administrada por los grupos de poder tradicionales. Con el fin de ensanchar las bases del nuevo régimen, se pretendía integrar en su seno al socialismo, procurando que no se pusiera en peligro las verdaderas relaciones de poder. En ningún momento se aspiraba iniciar un periodo constituyente, todo lo contrario, para evitarlo nació el proyecto de Reforma Política del  76, que despojaría al “Régimen” del inservible ropaje totalitario, aceptando el sufragio universal y los partidos políticos excepto, eso sí, los republicanos.

En el 77, se convocaron elecciones para constituir el Congreso de los Diputados, no fueron Cortes Constituyentes, las circunstancias obligaron a unas Cortes ordinarias a elaborar una Constitución; la Monarquía se vio obligada a ir más allá y sin guion de Constitución, sin proyecto nacional, con el sólo objetivo de asentar a toda costa la Corona, se fabrico una Constitución que garantizaba los intereses de sus creadores, Monarquía, partidos políticos y nacionalistas. Arbitrándose  unos mecanismos de reforma constitucional  que en la práctica la hacen imposible –que se lo pregunten al actual gobierno-, consumándose de esta manera el reparto patrimonial del Estado.

De esta manera se inicia la tan renombrada Transición, como un improvisado caminar político, a salto de mata, con escaso interés en fortalecer la sociedad civil y un alocado fenómeno autonómico, conviviendo con  una tremenda crisis económica agravada por el terrorismo y la inestabilidad social y política.

El golpe de Estado del 23 de febrero del 81, aviso o pretendida solución al caos en el que por su falta de autenticidad democrática el nuevo régimen político estaba sumiendo a España, probó que los ciudadanos no estaban dispuestos a arriesgarse en defensa del mismo, a diferencia de julio del 36. Resuelto el Golpe de Estado, se priorizó el fortalecer a la Monarquía presentándola como salvadora de la democracia y para ello había que apuntalar el edificio constitucional.

El inteligente y poco valorado Calvo Sotelo, presidente de un gobierno débil, escribió la partitura que se ha bailado desde entonces:
  • Se acotaron y restringieron, lo más posible, las responsabilidades en el intento de golpe de Estado.
  • Se decidió la entrada de España en la OTAN.
  • Se aceleraron las negociaciones para el ingreso en la C.E.E.
Todo ello en menos de un año.

Y llego octubre del 1982, iniciándose la segunda parte de la obra iniciada con la muerte de Franco. Los primeros gobiernos socialistas, que sin perjuicio de las buenas intenciones sucumbieron con rapidez a los halagos del poder, fortalecieron la imagen del Rey como garante de la democracia y permitieron el reagrupamiento en su entorno de los grupos de poder, desvaneciendo cualquier idea de transformación y de progreso, el PSOE había sido asimilado. Se renuncio a la política de progreso por la política de imagen.

Fueron  años de abundancia, la banca, las empresas de construcción y los grupos de comunicación detentaban el poder mientras amasaban grandes fortunas, al tiempo la sociedad, desvertebrada, asistía incrédula y complacida al espectáculo. 

Complacencia que termino en indignación ante la podredumbre de la clase dirigente y llego el turno del PP con propósitos regeneradores de la vida pública que no se cumplieron. Los ciudadanos tras el cesarismo insoportable de José Mª Aznar, presidente del gobierno, optaron por despedir al PP, volviendo el PSOE, Rodriguez Zapatero  formó gobierno con el apoyo de ERC e IU. En 2007 ya nadie negaba la crisis constitucional y comenzó a hablarse de una reforma “limitada”.

Pero las ocurrencias de Zapatero “El Bobo”, un presidente ególatra y flautero que junto a decisiones avanzadas en materia de derechos  civiles y esfuerzos en políticas sociales cerro la Transición dejando a España en la mayor crisis económica del último siglo, crisis que no supo ver, que para su ridículo y la de sus ministros, negó y cuando ya era tarde abordo con medidas erróneas y populistas. Cerro su mandato anteponiendo los intereses del capital internacional  frente a los de su pueblo, para lo que no dudo en modificar la Constitución, dejando a España en el umbral de un periodo constituyente, aplazado por más de diez años.

Periodo constituyente, que necesariamente ha de abrirse, en el que los republicanos debemos expresar nuestras opiniones, haciendo hincapié en aquello que ha sido el hilo conductor de nuestra tradición, los principios revolucionarios de libertad, igualdad y fraternidad.

S&R