domingo, enero 10, 2010

El Discurso Republicano. La Virtud Cívica I





Algo que ha de llamarnos poderosamente la atención por su republicanismo implícito es el redescubrimiento de la ciudadanía.

La confianza en el ciudadano como ser racional, dotado de juicio ético, casa mal con el “pragmatismo” y la “modernidad”, pero la fatiga y agotamiento del modelo y el cansancio por las soluciones practicadas, reclaman la vuelta al ciudadano, ese “extraño” ser, dotado de una ética, de responsabilidad y de convicciones. Esta alteración, acrecienta el interés por la participación democrática, la intervención ciudadana, la sociedad civil, la presencia de lo privado en el terreno de lo público, la virtud pública y también la dimensión pública y política de lo privado.

La intervención de ciudadanos comunes y corrientes, en la esfera pública, sus desvelos por controlar sus propias vidas de modo solidario y comunitario, las conductas altruistas, la acción social concertada para resolver problemas ajenos, son manifestaciones específicas de la virtud cívica.
La virtud cívica es una virtud política de pretensiones modestas, no exige santidad, pide solamente una pizca razonable de buena conducta pública, de obediencia a leyes legítimas, y sobre todo una capacidad de participación activa en la cosa pública; esencialmente está compuesta de tolerancia, espíritu público, exigencia de información, y por una prudente confianza en la capacidad propia y la de la ciudadanía para intervenir, modificar y mejorar las condiciones de la vida comunitaria.

El republicanismo pivota sobre la virtud cívica, su manantial principal es que florezcan los ciudadanos responsables, dotados de suficiente generosidad como para intervenir racional y desinteresadamente en la esfera pública. Pero si algo nos enseña la tradición republicana es que la virtud es un bien escaso y la cívica también lo es; la doctrina republicana no exige que todos los ciudadanos sean buenos, ni tan siquiera que sean potencialmente buenos, al contrario, reconoce, que tienen una distribución desigual de sus capacidades de: patriotismo, altruismo, desprendimiento o interés por la cosa pública, aceptación que debería liberarla de la atribución de ingenuidad.

Hay que añadir algunas precisiones la virtud cívica republicana, pues una sociedad, puritana, de ciudadanos plenamente virtuosos sería totalmente artificial y conduciría a la imposición violenta de la virtud; obligar a las gentes a ser virtuosas es la peor de la tiranías. La democracia ha de estar inspirada por la tolerancia y la paciencia pedagógica, la tarea del republicano parte de la capacidad de nobleza política de algunos, de la inclinación de otros para actuar con desprendimiento, de la pasión minoritaria por la causa pública, es decir, parte de la constatación de la diversidad política y moral de la humanidad y la respeta.

Existe un republicanismo que exhorta a los ciudadanos a que ejerzan su virtud política, que participen, que critiquen el gobierno, que se hagan oír y exijan el bien público, es decir que sean patriotas, en el sentido clásico de la palabra, es el republicanismo que muestra afinidades identificables con los principios inspiradores del estado de bienestar. Frente a este republicanismo, hay otro más realista, más sociológico, que asume sus postulados, pero explora las condiciones que favorecen el florecimiento de la virtud ciudadana, es el que se pregunta por la cultura del republicanismo, bajo las condiciones de demagogia televisiva y banalización que imperan, el que se preocupa por la enseñanza de la virtud republicana, el que pide cosas distintas.

S&R

1 comentario:

Izquierda Republicana Salamanca dijo...

Me parece un articulo muy atinado que en breves palabras describe lo que es el republicanismo.

Desde Salamanca un afectuoso saludo republicano