jueves, diciembre 27, 2007

A modo de felicitación:“La Libertad comienza en alguna parte”, Cabezas de San Juan, 1 de enero de 1820.

La revolución española iniciada en enero de 1820 causó alarma y espanto en el panorama político del continente y -¡Riego!- un grito amenazante para la Europa de los monarcas absolutos, al mismo tiempo que nutría la esperanza revolucionaria de los que anhelaban libertad y animaba a las sociedades masónicas a conspirar sin tregua contra el trono y el altar.

El regreso de Fernando VII, rey absoluto, supuso para la arrasada España un verdadero desastre. Monarca intelectualmente obtuso, zote en formación política, de carácter necio, cobarde e inmoral, cuyas cotas de abyección dejan a considerable distancia a su actual sucesor: traicionó a su padre, mendigó perdón y fingió arrepentimiento delatando a sus amigos de conspiración, ciñó la corana en contra de la voluntad del rey, su padre, al que volvió a traicionar, cedió los derechos dinásticos en beneficio de los Bonaparte, traiciona a sus aliados europeos firmando una paz por separado con Napoleón, persigue a los liberales que pusieron en peligro sus vidas y haciendas por restituirle el trono. Su reinado supuso un muro para el progreso material, social y político de España, y la muerte del liberalismo español, ya que el de Isabel, digna hija, era reaccionario y aguado, implantado por oportunistas y desencantados viejos liberales.

En la mañana del primer día del año 1820, Riego, puesto al frente de sus hombres proclama la Constitución de 1812, poniendo fin a la ilusión política de la Restauración, el monarca prestó juramento el 9 de marzo a la Constitución. La importancia historia del pronunciamiento, no reside en la personalidad de quienes lo dirigieron, ni tampoco en la obra reformista y de gobierno a que dio lugar, sino en el hecho de constituir el primer asalto victorioso a la fortaleza del legitimismo continental. Portugal siguió el ejemplo español –se constituyó una Junta provisional que estableció como Ley fundamental del reino la Constitución española de 1812-; Nápoles proclama la Constitución española, tras la insurrección del 2 de julio, extendiéndose el movimiento a toda la península italiana, Roma y finalmente el Piamonte donde el 9 de marzo de 1821 se proclama la Constitución española, creándose una junta provisional de Gobierno.

España y su texto constitucional se convirtieron en el modelo de los revolucionarios europeos que prosiguen la obra de la revolución francesa, pero su programa constitucional no lo buscan en los textos franceses sino en la Constitución española, que en esa hora, es el estandarte de todas las revoluciones, el constitucionalismo liberal comienza en Cádiz.

La extensión del movimiento revolucionario español, planteó a la Santa Alianza la necesidad de ejercitar las competencias de su carta fundacional y finalmente, a pesar de las reticencias de Luis XVIII que temía una reacción española semejante a la de 1808, un cuerpo expedicionario francés integrado por 110.500 infantes, 22.000 jinetes y 108 piezas de artillería, los Cien Mil Hijos de San Luis, el 3 de abril cruzan los Pirineos para en palabras del duque de Angulema :

”Unirse a los españoles amigos del orden y de las leyes, para ayudarles a rescatar a su rey cautivo, a restablecer el Altar y el Trono, a liberar del destierro a los sacerdotes, del despojo de los propietarios, al pueblo todo del dominio de algunos ambiciosos que, proclamando la libertad, no preparan sino la esclavitud y destrucción de España”.

Pese a todos sus esfuerzos, los ejércitos constitucionales carentes de medios y en buena medida del necesario espíritu combativo, poco pudieron hacer frente a los Cien Mil Hijos de San Luis y los 35.000 hombres que integraban el abigarrado conjunto del ejército de la Fe.

El 5 de noviembre, acusado de alta traición –no por la rebelión de las Cabezas, sino por su actuación política-, D. Rafael del Riego era condenado a muerte, victima ejemplar de la reacción absolutista de 1823; el 7 era ejecutado. Murió ,nos cuentan, en medio de un espeso silencio gritando “¡viva el rey!”, puede que en hora tan critica le abandonara la entereza para mantener firmes sus convicciones, vencido por la crueldad de sus verdugos; no es este asunto que nos preocupe o sobre el que queramos disertar, tampoco sobre su mayor o menor capacidad militar o madurez política, ya que el asesinato –con apariencia legal- del héroe de las Cabezas, convierte a Riego, por encima de sus circunstancias personales, en el símbolo y la idea de la revolución liberal –netamente española- que ilumino y entusiasmó a Europa tras la revolución francesa, y que en palabras de Metternich era “el acontecimiento más desastroso de los últimos tiempos”.

In Memoriam de D. Rafael del Riego, un venturoso 2008.
“¡Viva la república!”

P.D. Desde Langreo damos gracias al Ateneo Republicano por organizar actos que impiden olvidar nombres, fechas e ideas -libertad, igualdad, fraternidad- o cuando menos nos recuerdan su utilización espuria.

1 comentario:

Ricardo Fernández dijo...

Mi felicitación, mi cariño y mis mejores deseos.
Un fuerte y fraternal abrazo querido Juliano.